Pasar tres meses conviviendo en un proyecto como el que tuve la suerte de vivir en los Andes peruanos sirve para muchas cosas. (Cuzco - Perú)

Pasar tres meses conviviendo en un proyecto como el que tuve la suerte de vivir en los Andes peruanos sirve para muchas cosas.
A mí, fundamentalmente me sirvió para valorar más todo aquello que poseemos y de lo cual carecen esas personas con las que hemos convivido.
Al mismo tiempo, la nueva realidad que estas viviendo, te abre los ojos y hace que te sensibilices más con las desigualdades que estás conociendo de primera mano.
Cuzco es una ciudad de unos 200.000 habitantes que crece caótica y desorganizadamente y en la cual se pueden encontrar unos contrastes bien radicales como pudieran ser niños pobres gastándose el dinero para comer, en salas de ordenadores de juegos en red, habilitadas en chamizos de adobe, por poner un ejemplo de entre otros.
En una de sus barriadas está la escuela de un Cura extremeño donde yo impartía clases de inglés y electricidad a alumnos de educación primaria y secundaria. Sus alumnos pertenecían a una clase media-baja-pobre, pero con recursos suficientes para pagarse en su mayoría los estudios.
Después de las clases procuraba en la medida de lo posible, arreglar algunas instalaciones eléctricas que daban pánico solamente verlas en que estado de inseguridad se encontraban.
Muchas veces no se disponía ni de dinero ni de materiales para realizar los arreglos, por lo que es entonces cuando aprendes del ingenio de los nativos para salir de algunos apuros.
Básicamente eso ha sido lo que hemos hecho, aprender, mucho más de lo que hemos enseñado.
El Cuzco Inca es rico en turismo y produce algunos puestos de trabajo pero la inmensa mayoría de los habitantes viven en condiciones pobres. Además, son los "gringos" los que gestionan las riquezas generadas del turismo.
Más pobre aún, en condiciones míseras viven los habitantes de las comunidades indígenas que sobreviven plantando tubérculos y criando un poco de ganado en alturas que rondan los 4000m donde el clima es extremadamente duro para vivir. Es aquí donde realmente te entran ganas de hacer cosas que puedan aliviar, en cierto modo, las duras condiciones de vida donde viven estos indígenas.
Un caso de estos fue llevar unas máquinas de hacer pan a una comunidad, o hacer un depósito de agua potable, o repartir comida en las aldeas donada por apadrinamientos de niños.
En estos casos se ve que la ayuda que organizada desde las ONG multiplica su valor en estas aldeas abandonadas a su suerte por la sociedad en general, sin olvidarse de la responsabilidad que tienen los políticos con sus gentes.
Finalmente la valoración de poder haber conocido esta nueva realidad es positiva, y personalmente me ha motivado a continuar cooperando con la ONG que me envió.
Joanes
Cuzco (Perú)
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