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Experiencias cooperantes: Granada (Nicaragua)


"Quien más conoce Nicarqagua, más quiere a Nicaragua". (Nicaragua)

Mapa de NicaraguaSoy una joven de Vitoria que por medio del Programa Juventud Vasca Cooperante del Gobierno Vasco y la ONGD Madreselva, he tenido la oportunidad de hacer realidad un sueño este pasado verano.

Mi aventura comenzó el 8 de Julio, cuando embarcaba en mi primer avión rumbo a Nicaragua, aunque desde el momento de conocer la buena noticia de que estaba seleccionada, mi vida dio un giro y experimenté sensaciones y emociones con mi gente que no había experimentado antes, pues en mis 25 años nunca me había alejado tanto, ni tanto tiempo de mis seres queridos y la seguridad de mi hogar.

Ya en el aeropuerto de Loiu, y junto con la que iba a ser mi compañera durante los tres meses que duraría la experiencia, todo eran nervios y emociones nuevas e intensas. El viaje en el avión al principio fue emocionante por la novedad, pero según se sucedían las horas, deseábamos con ansiedad llegar cuanto antes al otro lado del Atlántico, donde no sabíamos bien lo que nos esperaba, pero que ya estábamos impacientes por conocer.

La primera sensación al llegar de madrugada a Managua fue una bofetada de calor tropical y olores en el aire muy diferentes a los conocidos hasta entonces. Agotadas, encontramos con la mirada a nuestro contacto y responsable en el país, una monja, que por ir de blanco resultó fácil reconocerla. Todavía nos esperaba un viaje por carretera hasta Granada, la impresionante ciudad colonial que nos acogería y sería principal testigo de nuestra aventura en el país.

Agudizados, nuestros sentidos empezaron a experimentar y reconocer nuevas sensaciones, imágenes e información, que hasta el último momento nuestra mente no dejó de formatear y que permanecerán en nuestro registro particular para toda la vida.

Nuestra casa era el Colegio Maria Auxiliadora, llamado popularmente "El Profesional", un edificio centenario de estilo colonial con grandes pasillos repletos de columnas y altísimas paredes, con grandes portones y ventanales pintadas de vivos colores, que nos remontaban sin querer a una época conocida tan sólo por medio de los libros y películas.

Convivimos y fueron una grata compañía las monjas del colegio, con las que compartimos muchos buenos momentos e intercambiamos experiencias en los agradables ratos que pasábamos de conversación a las noches, justo antes de retirarnos a descansar.

Nuestra jornada de trabajo consistía en lo siguiente: por las mañanas acudíamos a una escuela que tenían las monjas en un barrio más desfavorecido de la ciudad, en el que las personas vivían en condiciones muy precarias y con muchas carencias. La escuela era agradable, aunque muy diferente a la idea de escuela que tenemos aquí. En clases de 38 y 45 niños de tercero y segundo de primaria, respectivamente y, acompañadas de las profesoras, íbamos desarrollando nuestra labor de apoyo escolar principalmente, porque con el tiempo y, a medida que conocimos la manera de trabajar y expresarse del país, desarrollamos actividades y diferentes tareas, que nos sirvió de experiencia e intercambio profesional muy enriquecedor.

A las tardes acudíamos a un Hogar de acogida en el que vivían 25 niñas de edades comprendidas entre los 4 y 18 años. Las condiciones de la casa eran bastante lamentables, por lo que procurábamos hacer lo más agradables posibles los ratos que acudíamos con juegos, talleres y paseos por la ciudad, que ayudaran a olvidarse por un momento las condiciones en las que se desarrollaban sus vidas.

Tanto en la escuela como en el hogar, nos resultó muy difícil al principio adaptarnos y encontrar el sentido a nuestra labor, pues aunque el idioma es el mismo, todo cambia en un país desconocido y tan diferente al nuestro, pero al final y, poco a poco, se fue cuajando una relación intensa en la que el cariño era mutuo, pero que sobretodo a nosotras nos ha aportado mucho a nivel personal y profesional.

Durante nuestra estancia conocimos mucha gente, tanto "nicas" como extranjeros que nos acogieron y enseñaron el país y sus costumbres con la mejor de las intenciones y siempre orgullosos de su tierra. Nicaragua, país de lagos y volcanes, cálido y de exuberante belleza, nos embrujaron sus paisajes y gentes, costumbres y folklore. Ninguno de los lugares que tuvimos la oportunidad de conocer nos decepcionó y mucho menos su gente, que por ser pobre no deja de ser rica en sentimientos y que con sus muchos defectos, a nosotras siempre nos mostraron la mejor de sus sonrisas y hospitalidad.

Aprendimos muchas cosas de nuestra experiencia como cooperantes, pero principalmente experimentamos la sensación de ser extranjeras en un lugar que desconoces y no controlas. En los tres meses de estancia en Nicaragua no tuvimos ningún contratiempo ni episodio negativo, aunque somos conscientes de la ventaja que teníamos por llegar de un país rico y tener todas las puertas abiertas, pues esto es algo que no todas las personas que viajan a otros países tienen y menos cuando van obligados por la necesidad de buscarse la vida a costa de lo que sea.

A nuestra vuelta somos conscientes de que hemos dejado un trocito nuestro allí, pero sobretodo es mucho lo que nos traemos en el corazón y esperamos que no se nos olvide nunca todo lo que nos ha aportado y hemos aprendido en esta viaje, que ha sido un regalo, pues nos ha dado la oportunidad de conocer un país y realidad diferente desde dentro y lo más importante, por medio de la convivencia con sus habitantes.

Gracias por darme la oportunidad de compartir mi experiencia de cooperación con vosotr@s y, animo a todos los jóvenes de Euskal Herria con inquietudes solidarias a vivir una experiencia de cooperación, ya sea en otro país, como en el nuestro, pues cada vez más, a nuestro alrededor se hace necesaria gente sensibilizada y sensibilizadora, que luche por la difícil convivencia entre todos.

"Quien más conoce Nicaragua, más quiere a Nicaragua". Saludos,

Laura

Nicaragua

Fecha de la última modificación: 08/08/2005