No comprar nada no es realista, pero dejar de comprar en exceso es esencial. El consumo sostenible no se refiere únicamente al coste ambiental que ocasiona la forma como producimos y consumimos; los costes humanos y los costes sociales también deben tenerse en cuenta.
Un gran número de artículos que va a las tiendas y a nuestras casas se produce en los países en desarrollo debido a que las compañías multinacionales encuentran que la mano de obra casi siempre es más barata allí. Pero el trato debe ser justo para todos los involucrados. El consumo sostenible debe defender la justicia social y respetar los derechos humanos, sociales y económicos básicos, que deben ser para todos, sin excluir a nadie.
Son productos de comercio justo los que se elaboran siguiendo determinados requisitos:
Las empresas productoras han de tener una estructura organizativa democrática y participativa.
De acuerdo con estimaciones de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), en el mundo, alrededor de 250 millones de niños y niñas, de 5 a 14 años de edad, trabajan. Las estadísticas de la OIT indican que en estas condiciones se encuentran 2 de cada 5 niños y niñas de África (32% del total mundial de los menores que trabajan), 1 de cada 5 niños y niñas de Asia (61% del total mundial), 1 de cada 6 en América Latina (7% del total mundial) y 1 de cada 3 en Oceanía. Tan solo en África las cifras están aumentando a razón de un millón por año y apuntan a los 100 millones hacia el año 2015.
Sin embargo, esto no es únicamente un problema del mundo en desarrollo. En 1998, el Departamento de Trabajo de los Estados Unidos de América estimó que había aproximadamente 3 millones de niños y niñas trabajadores "legales" en los Estados Unidos (además de 1,5 millones de ilegales). Y en el Reino Unido, un estudio reciente encontró que unos 750.000 niños y niñas entre las edades de 11 y 15 años trabajan de manera regular, y que algunos lo hacen hasta 50 horas a la semana.
Y lo más triste es lo siguiente: un gran número de familias de todo el mundo depende de los ingresos de sus niños y niñas. El trabajo no sólo compromete la salud física y seguridad de un niño o niña, sino que sus derechos se ignoran y, lo que es crucial, se les priva de la oportunidad de recibir una educación escolar.
En todo el mundo, 150 millones de niños y niñas abandonan la escuela primaria antes de haber completado cuatro años de educación. Uno de cada cuatro menores en la India nunca irá a la escuela. Proporcionar a cada uno de los niños y niñas del mundo una educación primaria costaría 6.000 millones de dólares, lo mismo que 4 días del gasto militar mundial.
Y todo ello sólo es el inicio de un círculo vicioso: sin educación, las probabilidades de escapar de los trabajos mal pagados y de la pobreza se reduce de manera drástica.
Por lo tanto, la conciencia de la persona consumidora y no comprar ningún producto a menos que estemos convencidos de que se produjo sin comprometer la ética, puede producir el cambio.
Kontsumobide-Instituto Vasco de Consumo realiza talleres de compras responsables dirigidos a niños y niñas, jóvenes y adultos a través de los Centros de Formación en Consumo. Estos talleres tienen como finalidad el concienciar a la sociedad de adoptar una actitud crítica y reflexiva en la compra.
Cada vez son más frecuentes, en nuestros pueblos y ciudades, las ferias de trueque. Su objetivo es hacer frente al consumismo masivo a través del trueque de productos, con el fin de alargar la vida de los bienes que consumimos.
Fuente de la información: YouthXChange, Manual de educación para un consumo sostenible.
Fotos de Oihan Lopez - Enara Llano - Silvia Parra - Yaiza Bueno, Dirurik gabe/ sin dinero elkartea.
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